Y la sombra de los días silenciosos e inconsecuentes palideció ante la tibieza de su tacto, él sabe no preguntar de más, cuatro paredes, este momento y ella lo son todo ahora, se limita al silencio y su silueta.
Ya sobre el pasto fresco, mira el cielo y disecciona una espesa nube viajera. Contempla su color, matices grises y una estela que sangra sobre el límpido cielo intensamente azul. Le recuerda algo, está la idea en alguna parte pero no logra emerger al mundo donde podría describirlo con palabras... ¿qué es? ¿de qué se trata? La duda le acosa pero de pronto parece
que en su incesante cuestionamiento, aquel que quiere arrebatarle todo placer y mellar toda pasión, encuentra el móvil de su propia existencia.
La duda perpetua, la pregunta que por extensa y detallada no puede teminar de plantearse,
la ventana al infinito con sus multiples facetas,
entonces todo parece tan claro, los colores en las cosas, el brillo que el sol proporciona a los objetos, los sonidos de la cotidianidad, el viento que corre a veces y el calor, la noche y sus significados: simplemente es como una epifanía.
La claridad también se hace presente en el tacto, siente con cada milímetro cúbico de piel, es conciente de cada ligero cambio en la superficie y lo es también, casi dolorosamente, de la sensación que delata lo hueco y lo efímero de todo, la declara ausente y se apropia de los sentidos llevándola a destinos sombríos una y otra vez.
¿Hay un camino que parta en el ciclo y termine fuera de él?
Si es asi, ¿porque no lo hemos visto? ¿porqué este velo deliberadamente se empeña en nublar...? Y es que este mar de ideas se presenta inaccesible, una a una, ellas parecieran esconderse tras indecisión y desorden.
Es un panorama que no es el mismo, que con el tiempo, como un cuadro en una habitación cerrada, cambia para ojos que no, ven los colores que alguien le imprimió, el juego de sombras sobre objetos planos que sólo aparentan pero no son, ó que en algún momento fueron pero que ahora, no son más que un recuerdo y segundo a segundo, se va torciendo a capricho de alguien más, tan frágil como la realidad que ya ha sido pervertida hasta ser irreconocible. Como el yo, narrador esquizofrénico con delusiones que pretenden ser una identidad subyacente pero que en la práctica, solo se mantienen congruentes por la capacidad del interlocutor de hilar lo inconexo.
Es una empresa difícil, podría empezar a desistir ya que eso no está siendo fructífero, desenredar la madeja se está complicando más de lo esperado.
Pero justo cuando todo parece perdido, una vaga luz, como un flashazo, parece guiar lo perdido y dar una razón para seguir adelante.
Ya sobre el pasto fresco, mira el cielo y disecciona una espesa nube viajera. Contempla su color, matices grises y una estela que sangra sobre el límpido cielo intensamente azul. Le recuerda algo, está la idea en alguna parte pero no logra emerger al mundo donde podría describirlo con palabras... ¿qué es? ¿de qué se trata? La duda le acosa pero de pronto parece
que en su incesante cuestionamiento, aquel que quiere arrebatarle todo placer y mellar toda pasión, encuentra el móvil de su propia existencia.
La duda perpetua, la pregunta que por extensa y detallada no puede teminar de plantearse,
la ventana al infinito con sus multiples facetas,
entonces todo parece tan claro, los colores en las cosas, el brillo que el sol proporciona a los objetos, los sonidos de la cotidianidad, el viento que corre a veces y el calor, la noche y sus significados: simplemente es como una epifanía.
La claridad también se hace presente en el tacto, siente con cada milímetro cúbico de piel, es conciente de cada ligero cambio en la superficie y lo es también, casi dolorosamente, de la sensación que delata lo hueco y lo efímero de todo, la declara ausente y se apropia de los sentidos llevándola a destinos sombríos una y otra vez.
¿Hay un camino que parta en el ciclo y termine fuera de él?
Si es asi, ¿porque no lo hemos visto? ¿porqué este velo deliberadamente se empeña en nublar...? Y es que este mar de ideas se presenta inaccesible, una a una, ellas parecieran esconderse tras indecisión y desorden.
Es un panorama que no es el mismo, que con el tiempo, como un cuadro en una habitación cerrada, cambia para ojos que no, ven los colores que alguien le imprimió, el juego de sombras sobre objetos planos que sólo aparentan pero no son, ó que en algún momento fueron pero que ahora, no son más que un recuerdo y segundo a segundo, se va torciendo a capricho de alguien más, tan frágil como la realidad que ya ha sido pervertida hasta ser irreconocible. Como el yo, narrador esquizofrénico con delusiones que pretenden ser una identidad subyacente pero que en la práctica, solo se mantienen congruentes por la capacidad del interlocutor de hilar lo inconexo.
Es una empresa difícil, podría empezar a desistir ya que eso no está siendo fructífero, desenredar la madeja se está complicando más de lo esperado.
Pero justo cuando todo parece perdido, una vaga luz, como un flashazo, parece guiar lo perdido y dar una razón para seguir adelante.