De la mano, por las tardes, abrazados por las noches
transitamos con cuidado, vigilando horizontes
nos entretenemos rodeando bardas y brincando setos
que no nos digan que no estamos cuerdos
pues solo un necio fallaria en ver lo bello de esto que se retuerce, cayendo estrepitosamente.
Pero, ¿aparece en el relámapago de la noche, en las gotas de agua de esta lluvia imperiosa? Invisible pero presente, como repitiéndose de una manera obsesiva. Espera, el tiempo que se consume sólo transcurre,
observa atentamente mientras afuera todo sucede
Y la pregunta pacientmente nos acosa, que buscar ?
que perseguir con la mirada? que seguir con los pies ?
correr hacia la trascendencia o hacia el olvido ?
desconociendo la direccion de uno y otro, y las señales también mientras la claridad se sugiere, nos tienta y escapa otra vez entre los árboles, espeso el bosque se traga la figura que rasga la oscuridad tratando de hacerse presente. Mira alrededor, no hay más, busca, espero, encuentra, imagino. Pronto una lluvia nocturna amenaza con devorarnos si no corremos a un refugio cercano, ¿qué nos espera? Sin conocimiento de todas aquellas cosas que habitan un mundo lejano, las posibilidades de regresar parecen mínimas, continuar sin mirar atrás es una opción que promete la salvación como sabio, clerigo o terapeuta
quizas poseyendo la considerable distinción de que
no intenta engañarnos diciendo que es la correcta
solo se promete dispuesta a dejarnos tomarla
sin quitarnos la conciencia de todas las pérdidas que ya lanzaban consecuencias.
Y las mañanas se volvieron soleadas y las noches tibias, entonces sucedió que todos sintieron la presencia extraña de algo incorpóreo que caminaba entre los habitantes del pueblo. Comenzaron a suceder cosas, es difícil explicar la naturaleza de todas y cada una, pero cada acontecimiento le era trascendente a quien se le manifestaba y fue a esa nueva presencia a quien le adjudicaron esta serie de sucesos
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