Tuesday, June 19, 2012
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Acostada en su recámara, espera pacientemente a que su amante llegue. Los pensamientos llueven en su mente, el clima es tan malo adentro como en el exterior. Por un momento deja la cotidianidad y entra a un terreno suave, lento. Recuerda aquellas manos ávidas y esa mirada felina que es como un imán:
Un yo dentro del yo, que desconozco tanto como Él a mí.
Esta naturaleza, fragmentada y compleja, sin velos que promuevan la ilusión de integridad.
Realidad, identidad, individualidad, le son indiferentes, cuando se manifiesta, el universo es sólo el presente quien se manifiesta como creador, dispuesto a traer consigo las bondades cotidianas de una vida que transcurre apaciblemente... Y con el potencial de convertirse, por pulso de los botones adecuados, en ese ente destructor cuyo único propósito sea destruir todo lo antes elaborado. El universo tiene un dilema pues las fuerzas que se confrontan en su interior son por definición opuestas, y cada una quiere dictar la dirección absoluta de todo lo contenido en este magnífico absoluto
Nuestra voluntad, como extensión de estas fuerzas, fue, es y será un elemento determinante que el tiempo guardará en su memoria y la vida tenderá a recrear una y otra vez.
Al mirar alrededor, se da cuenta de que no hay un camino definido. El terreno suelto, las piedras, las plantas pronto se ven empañadas, lamidas por el agua que corre ladera abajo.
Pronto se encuentran y su mirada, intensa, le sigue, intentando atraer sus pensamientos puesto que ahora reconoce (que siendo la verdad desconocida) el trascender juntos en la dirección acordada, sea cual sea esta, podría encontrarse el peso suficiente para inclinar la balanza definitivamente.
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