Tuesday, July 16, 2013

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Porque podríamos dejar de jugar con velos, si quisieramos hacerlo, lo único que hace falta es decidirse a hacerlo. Atreverse a perder cuando nos entreguemos. Ceder la batalla por el control de la realidad del otro y aceptar que las cosas funcionan en diferentes planos, cada uno de los actos como nubes viajeras, algunas ya se van acercando al ocaso y se van tiñendo de rojo, cuando otras aún tienen el gris de la tormenta, mientras otras siguen blancas y joviales, todas desplazándose a un fin.
Cosas interesantes juegan en la vida de cada uno, muchas veces solo quien lo vive, se da cuenta de lo grandioso que la experiencia es, aunque muchas otras, ni siquiera él mismo es consciente de  la fabulosa vida que tuvo, vida con despertares, Intensas recalibraciones del yo, ausencia de centro o dirección, disipación del individuo en el colectivo de discordia y amplitud, depuración de las esencias y persecución de la verdad, refinamiento de una forma de pensamiento capaz de salirse de lo establecido en todos los rubros: la unión de ambas mentes interpretando una misma realidad de modo que alcancen el cruce donde convergen. Ese es el reto.
Y el sentir como a un nivel más carnal se entrelazan sus cuerpos es aterrizar todas las fantasías y proyecciones en un silencio presente, donde sólo un lenguaje personalísimo y secreto tiene lugar. Sincronizarnos con el presente, con el otro, y serenar nuestro caos interior.

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